POESÍA
Yo
tengo un conejito
gris
y blandito,
con
muchas manchas negras
y
unas orejitas pequeñas
al
llamarle por su nombre,
levanta
sus orejas.
Mi
padre lo trajo un día
junto
sus ocho hermanos,
en
una caja de zapatos.
Comen
lechuga y pan
y
mi madre por la noche
una
poquita leche le da,
y
al mancharse la boca
con
su lengua y sus manitas se lavan.
Cuando
duermen en su jaula,
entre
ellos se tapan
haciéndose
una bola
dentro
de su manta.
Desde
aquel día
todos
han crecido,
menos
uno que ha fallecido.
Y
es que estos conejos
son
muy pequeños
pero
muy traviesos.
MARIA
JOSE ROMERO CUADRADO 6º C


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